La respuesta al proteccionismo no debe ser más proteccionismo, sino que pasa por la liberalización. La respuesta económica más eficaz por parte de la Unión Europea y de otros países afectados no debería centrarse en medidas arancelarias, sino en avanzar hacia una mayor apertura, acometer reformas estructurales y revisar aquellas barreras que puedan estar limitando la competitividad de ciudadanos y empresas, especialmente en el ámbito europeo.
Si la UE opta por esta vía reformista, puede liderar la economía internacional ante esta actitud de Estados Unidos. Si contesta, por el contrario, con aranceles, empobrecerá a sus ciudadanos como Estados Unidos va a empobrecer a los estadounidenses con los suyos.
Adicionalmente, España y los demás países miembros de la UE, deberían facilitar la rebaja de costes a las empresas no con ayudas, sino con disminución de impuestos, de cotizaciones y de trabas a la actividad económica, que suponen una losa importante para la generación de riqueza y empleo.
Por tanto, desde una perspectiva de racionalidad económica, la respuesta podría orientarse hacia una mayor apertura comercial y un impulso reformista que refuerce la competitividad global de la Unión Europea. En un escenario en el que Estados Unidos adoptase una posición más proteccionista, este enfoque permitiría a la UE posicionarse como líder en la economía mundial. Asimismo, una estrategia de este tipo podría incentivar una revisión de postura por parte de Estados Unidos.
Si la Unión Europea respondiera con medidas de carácter proteccionista, difícilmente lograría revertir el impacto de los aranceles estadounidenses sobre sus exportaciones y, además, podría generar un efecto adverso sobre el poder adquisitivo de sus ciudadanos al encarecer productos importados en respuesta a Estados Unidos. En este contexto, una estrategia orientada a una mayor apertura y libertad económica podría ofrecer mejores resultados a medio y largo plazo que una escalada de restricciones comerciales.