Otro de los hallazgos relevantes fue la diferencia en la respuesta de machos y hembras. En este modelo animal, los ratones hembra mostraron una mayor resistencia a la extinción del miedo, y un mayor porcentaje fue clasificado como susceptible. Aunque se trata de un experimento en animales, esta observación aporta pistas valiosas para futuras investigaciones.
“Estos resultados refuerzan la necesidad de incluir la variable sexo en los estudios preclínicos”, subraya Berrendero. “Durante décadas, los modelos en neurociencia se han basado casi exclusivamente en machos, lo que limita nuestra comprensión de diferencias biológicas clave”, insiste.
El proyecto, titulado INDIF-FEAR (PID2023-151223OB-I00), ha sido financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades dentro de la convocatoria Proyectos de Generación de Conocimiento 2023. En él participan también la Universidad Complutense de Madrid y el Parque Científico de Madrid.
Aunque se trata de una investigación en ratones, sus conclusiones abren nuevas vías para el desarrollo de biomarcadores diagnósticos y posibles dianas terapéuticas en humanos.
“El miedo es universal, pero la manera en que lo procesamos y superamos depende de factores biológicos que apenas estamos empezando a conocer. Entender esa variabilidad es esencial para avanzar hacia tratamientos más eficaces y personalizados”, concluye Berrendero.
La investigación continúa ahora en la búsqueda de nuevas herramientas diagnósticas y tratamientos personalizados que ayuden a mitigar el impacto del miedo persistente.
Un reto ambicioso que empieza por entender por qué algunas personas logran apagar el miedo… y otras no.