La PSSNUS evalúa cinco factores fundamentales:
- Dependencia psicológica y urgencia de estar conectado.
Evalúa la necesidad constante de revisar el móvil y el malestar asociado a la desconexión. Esa sensación de no poder desconectar refleja una dependencia que no es solo tecnológica, sino también emocional. “Muchos jóvenes sienten inquietud si pasan un rato sin el móvil, incluso cuando están con amigos o en actividades agradables. Es como si no pudieran estar tranquilos si no tienen acceso inmediato a sus notificaciones”, explica Carlos Marchena-Giráldez, psicólogo e investigador de la UFV.
- Comunicación digital frente a relaciones reales.
La escala también identifica una preferencia creciente por comunicarse a través del móvil en lugar de hacerlo cara a cara. Cada vez es más habitual usar el chat para resolver conflictos, expresar emociones o acompañar a alguien, incluso en situaciones que antes requerían cercanía. “Es más cómodo escribir que hablar, pero cuando esto se convierte en la forma principal de comunicarse, las habilidades sociales se ven afectadas. Se pierde la costumbre de mirar al otro, escuchar con atención o gestionar el silencio”, señala una de las investigadoras del equipo.
- Comparación social y necesidad de validación constante.
Otro factor que mide la PSSNUS es la necesidad de validación social. La búsqueda de “me gusta”, comentarios o reacciones se convierte en una forma de medir el valor personal, y la comparación con la vida que muestran otros puede generar malestar emocional. “El deseo de reconocimiento digital es el factor que más se relaciona con ansiedad, depresión y estrés. Y es especialmente frecuente entre las mujeres jóvenes”, afirma otra de las investigadoras del estudio.
Según los datos recogidos, muchas jóvenes comparan su vida con lo que ven en redes sociales y acaban sintiéndose menos válidas, menos atractivas o menos exitosas. Algo que también sucede en los hombres jóvenes, pero en menor medida, según indica el estudio.
- Control digital: vigilar y ser vigilado.
También se ha identificado un patrón de comportamiento basado en el control de la actividad de los demás. Revisar lo que hacen personas cercanas, molestarse si no responden rápido o crear grupos excluyendo a alguien son prácticas cada vez más comunes. “Son formas de control que parecen inofensivas, pero reflejan una necesidad de tener siempre información o respuesta inmediata. Y cuando esto no ocurre, se genera inseguridad o conflicto”, explican los expertos.
- Impacto en la concentración y el rendimiento.
El uso reiterado del móvil interfiere en el estudio, el trabajo y el descanso, afectando la productividad y la calidad de vida. Muchas personas jóvenes se distraen con facilidad, interrumpen tareas o tardan más de lo previsto porque consultan el móvil de forma repetida. “No es solo perder el tiempo, es perder el foco. Afecta a los estudios, al trabajo, incluso a momentos en los que se necesita descanso. Y eso, a largo plazo, pasa factura”, concluye Bernabéu-Brotóns.